En nuestra primera nota contamos el comienzo de VETA a partir de los primeros jóvenes que hicieron pública su incorporación a Minera Santa Cruz. Ahora, la compañía presentó a los ocho integrantes de esta primera camada. El nuevo registro permite conocer sus perfiles, sus recorridos formativos y, especialmente, dimensionar el componente local de un programa que estableció la residencia en Santa Cruz como requisito excluyente.
Cuando Extremo Minero publicó días atrás “VETA ya está en marcha: Minera Santa Cruz incorporó a sus primeros jóvenes profesionales”, todavía conocíamos solamente algunos de los nombres que habían comenzado a compartir públicamente su experiencia.

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Camila Caballero, Lucas Herrán y Franco Mereb habían contado entonces sus primeros pasos dentro de la operación, mientras el programa comenzaba a tomar forma más allá de la convocatoria.
Ahora hay una segunda pieza para completar esa historia.

Minera Santa Cruz presentó públicamente a los ocho integrantes de la primera camada de VETA, bajo el concepto de “Talento Santacruceño”. La publicación permite poner nombre y apellido al grupo y conocer qué formación tiene cada uno y hacia dónde comienza a orientarse su experiencia dentro de la operación.
La primera camada está integrada por Milagros Acosta, Lucas Herrán, Luciana Quiroz, Franco Mereb, Camila Caballero, Nicolás Reinecke, Bryan Casella y Adrián Posadas.
No se trata de un grupo homogéneo. Hay ingenieros industriales, ingenieros electromecánicos, profesionales y estudiantes avanzados de Seguridad e Higiene y una licenciada en Administración. Esa diversidad también permite observar las distintas puertas de entrada que tiene una operación minera para los jóvenes profesionales.
Milagros Acosta es licenciada en Administración y comenzó su experiencia en el área de Control de Gestión. Lucas Herrán es ingeniero electromecánico de la UTN de Río Gallegos y se incorporó a Planificación de Mantenimiento de Planta.

Luciana Quiroz se presenta como licenciada en Seguridad e Higiene y residente en Río Gallegos. Franco Mereb es ingeniero industrial y forma parte del área de Productividad, mientras que Camila Caballero, también ingeniera industrial, se graduó recientemente en la UTN de Río Gallegos.
La camada se completa con Nicolás Reinecke, de 25 años, residente en Río Gallegos y estudiante avanzado de Ingeniería Electromecánica; Bryan Casella, también de Río Gallegos, de 25 años y recientemente egresado de la Licenciatura en Higiene y Seguridad; y Adrián Posadas, de 26 años, próximo a recibirse de ingeniero electromecánico.
El video difundido por la compañía aporta así una información que en nuestra primera publicación todavía no estaba disponible: la dimensión completa de la primera camada.
De la convocatoria a la experiencia concreta
La continuidad entre ambas publicaciones también permite observar cómo evolucionó VETA en pocas semanas.
La convocatoria original no fue una búsqueda abierta de jóvenes profesionales de todo el país. Entre sus condiciones estableció como requisito excluyente residir en la provincia de Santa Cruz, y dejó expresamente fuera a postulantes domiciliados en otras provincias. El programa estaba dirigido a estudiantes avanzados con la cursada finalizada y hasta cuatro finales pendientes y a graduados recientes, con un máximo de dos años desde la obtención del título. Tampoco exigía experiencia previa en minería.
Ese criterio territorial es importante porque ahora podemos observar quiénes están detrás de aquella condición.
En los perfiles que ya se hicieron públicos aparece una fuerte presencia de Río Gallegos y de la UTN, aunque no corresponde extender esa procedencia a los ocho integrantes cuando no todos la expresaron públicamente. Lo que sí puede comprobarse es que el grupo reúne jóvenes formados en la provincia y que varios de ellos llegan al programa desde carreras directamente relacionadas con necesidades concretas de una operación minera.
La propuesta de VETA contempla seis meses de experiencia. El primer período está orientado a la inducción y al conocimiento de las distintas áreas de la operación, mientras que posteriormente los participantes se incorporan a sus sectores de destino y trabajan en proyectos específicos con acompañamiento de referentes y mentores.
Y los primeros testimonios que habíamos recogido en nuestra nota anterior ya permiten ver esa transición.
Herrán contó que durante sus primeras semanas pudo involucrarse en planificación, gestión en SAP, coordinación de trabajos, análisis de necesidades de mantenimiento y preparación de paradas de planta. Mereb relató el recorrido inicial por distintas áreas de la mina y el contacto directo con los procesos. Caballero, por su parte, puso el acento en el aprendizaje y en el acompañamiento de quienes comparten conocimientos y experiencia.
Ahora sabemos que esas experiencias no correspondían a casos aislados.
Formaban parte de una primera camada de ocho jóvenes profesionales y estudiantes avanzados que comenzaron simultáneamente un recorrido pensado para acercar sus conocimientos académicos a las condiciones reales de una operación minera.
Y ahí aparece el verdadero interés de VETA.
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El dato que habrá que seguir
Por ahora, sería prematuro medir el éxito del programa por la cantidad de incorporaciones. Los ocho jóvenes recién están comenzando y el recorrido de seis meses todavía tiene por delante buena parte de su desarrollo.
La cuestión será qué sucede después.
Si VETA consigue que estos jóvenes incorporen experiencia específica, desarrollen capacidades aplicables a la actividad minera y encuentren continuidad profesional dentro de la industria, el programa habrá logrado algo más que una primera experiencia laboral.
Habrá contribuido a formar talento minero desde Santa Cruz y para una actividad que se desarrolla en Santa Cruz.
Ese es justamente el aspecto que vuelve relevante seguir la historia.
En la primera nota contamos que VETA había comenzado y que la residencia provincial era una de sus características distintivas. Ahora podemos mostrar quiénes son los jóvenes que están atravesando esa experiencia.
El próximo capítulo será conocer qué proyectos desarrollan, qué competencias adquieren y qué sucede con ellos cuando terminen los seis meses.
Porque una cosa es abrir la puerta de una operación minera a jóvenes profesionales de la provincia. Otra, mucho más importante, es conseguir que esa puerta se transforme en una verdadera vía de desarrollo de talento santacruceño.




























