En la Patagonia, donde el viento arrastra secretos y las minas sostienen economías enteras, Pan American Silver parece haber perfeccionado un truco digno de un ilusionista profesional: mostrar con una mano su diploma de Great Place to Work, mientras con la otra hace desaparecer —sin humo, sin telón y sin explicaciones— cualquier rastro de su vínculo con la comunidad de Puerto Deseado.
La historia no es nueva. La compañía dejó en Gobernador Gregores un antecedente difícil de olvidar: una salida desprolija que muchos describieron como un pueblo “en coma”, junto a decenas de trabajadores que quedaron fuera del sistema. Ahora, con Cerro Moro —operación que heredó de Yamana Gold—, distintas voces en la localidad advierten que el libreto parece repetirse con inquietante precisión.
Y es aquí donde surge la paradoja central. Porque si algo mostraba Cerro Moro años atrás —según comunicaciones realizadas por la empresa en aquel entonces— era una intensa agenda comunitaria: aportes extraordinarios por más de $1.351 millones entre 2020 y 2023, apoyo directo para la puesta en marcha del servicio de hemodiálisis en el Hospital Distrital, inversiones en infraestructura social como el Centro de Día, un ecógrafo, una ambulancia 4×4, la reparación de cañerías de agua, exploración de acuíferos, aportes al sistema GIRSU, fuerte trabajo en salud con diversas actividades en torno a la prevención de distintas problemáticas como el cáncer de mama o el suicidio, programas educativos junto a jardines, escuelas técnicas y el Instituto María Auxiliadora, además de colaboraciones permanentes con clubes, asociaciones, bomberos, fuerzas de seguridad y organismos locales. Esto sabíamos hasta el 2023, cuando la propia compañía aseguraba haber trabajado con más de 40 sectores sociales de Puerto Deseado.

Ese pasado activo y visible contrasta directamente con el presente. La relación con la comunidad se fue desintegrando con el paso del tiempo. No hace tantos años y como demostramos en el párrafo anterior, Cerro Moro realizaba numerosas acciones y en muchas oportunidades supo responder cuando la comunidad pedía explicaciones, referentes sociales fuerte como Mario Hernández, Roberto Vallejos o Marcelo Agulles son nombres que todavía resuenan en la comunidad, que la gente conocía y respetaba, solían brindar charlas en distintos ámbitos o responder a extensas y detalladas entrevistas en medios de la localidad. Sin embargo, en Puerto Deseado hoy se escucha una versión muy distinta: proveedores, medios locales, referentes de la Cámara de Comercio, sindicatos y autoridades políticas de distintos niveles, describen un proceso sostenido de pérdida de presencia territorial. Una ausencia que contrasta abiertamente con aquellos años en los que Cerro Moro tenía un rol activo, visible y reconocido en la vida social de la comunidad.
A todo esto se suma un dato técnico que inquieta a todo el ecosistema minero: mientras Cerro Vanguardia, Cerro Negro, Don Nicolás y Minera Santa Cruz exploran de manera activa para sostener su vida útil, en Cerro Moro no se observan avances exploratorios significativos. Lo que sí se informan son récords de producción y reducciones de costos celebradas por los inversores. Este desempeño de Cerro Moro —publicado en nuestro sitio el pasado 13 de noviembre en función de datos obtenidos de press releases publicados por la propia empresa— vuelve a demostrar la solidez operativa del yacimiento santacruceño. En el último trimestre registró 559 mil onzas de plata y 18,8 mil onzas de oro, con un AISC negativo de –5,36 dólares por onza, un nivel excepcional que surge de una producción superior a lo previsto y de los créditos por metales secundarios. Estos resultados consolidan al activo ubicado cerca de Puerto Deseado como uno de los más competitivos del portafolio de Pan American, en línea con La Colorada y Juanicipio, y refuerzan su rol estratégico en la estructura productiva regional y en el balance global de la compañía. En contraste, lo que también se escucha, cada vez con más fuerza, es que “a Cerro Moro le quedan dos o tres años” si no explora. Y la realidad es que no está explorando.
El discurso de Vidal antes de ser gobernador: dureza contra Triton / Pan American Silver
Cuando se analiza el arco político provincial, el contraste es aún mayor. El actual gobernador Claudio Vidal fue uno de los críticos más duros del cierre y abandono de Manantial Espejo, operada por Triton —una compañía bajo el paraguas de Pan American Silver—. En su recorrida por la mina denunció:
“Vamos a tratar de ingresar a la mina Manantial Espejo, propiedad de la operadora Triton, en donde algunos meses atrás hicieron un abandono de mina, despidiendo a los trabajadores que realizaban tareas en el lugar. Todo esto por falta de políticas de control de un gobierno ausente.”

Y añadió:
“Claramente el cierre de mina no se hizo, y claramente el gobierno no controló.”
En ese mismo mensaje, dejó preguntas que hoy resuenan con más fuerza que nunca:
“¿Cuánto le quedó a Santa Cruz? ¿Cuánto se llevó la empresa? ¿Cuántos hospitales construyó? ¿Cuántas escuelas construyó? ¿Cumplió el compromiso social empresarial?”

También afirmó que:
“Una vez más, el pueblo de Santa Cruz es destratado y sometido a prácticas económicas y financieras que impactan negativamente en su bolsillo.”
Y remató:
“Es ahora, no hay tiempo. Santa Cruz puede y tiene con qué.”
Paradójicamente, esa severidad retórica se ha desvanecido en el caso de Cerro Moro. Pese a que la operación exhibe los mismos síntomas que Vidal señalaba en Manantial Espejo —falta de presencia comunitaria, escasa comunicación institucional, reclamos sin respuesta, ausencia en los espacios de seguimiento minero y desarticulación con el territorio—, el tema simplemente desapareció de la agenda del Ejecutivo provincial.
El arco político local: intendente y concejales también en silencio
A nivel local, la situación no es menos llamativa. El intendente Juan Raúl Martínez llegó al cargo con un discurso muy crítico hacia Pan American Silver. Denunció la falta de diálogo, cuestionó la ausencia de la empresa en la vida institucional y pidió explicaciones por el incumplimiento de acuerdos básicos con la comunidad. Sin embargo, tras un par de fotos formales con ejecutivos corporativos y algunos anuncios iniciales, ese tono desapareció de su agenda pública.

“No vamos a permitir que nos arrebaten las riqueza del Macizo del Deseado ignorando a cada vecino y el desarrollo de nuestra comunidad”.
El intendente manifestó que comportamientos como este “exceden la cuestión contable y comprenden la buena ética empresarial y son los que ponen en riesgo la mutua cordialidad y en consecuencia, la licencia social que les permite operar en la zona”.
En el Concejo Deliberante, solo dos de ediles mantiene firme la postura crítica. El resto del cuerpo —alineado políticamente con el Ejecutivo municipal— opta por un silencio que no pasa desapercibido para los actores económicos y sociales de la localidad. Se trata de un silencio que, para muchos, termina funcionando como un aval implícito al retroceso de la empresa en materia de presencia territorial.
Esta combinación —una empresa sin rostro comunitario, un municipio que ya no cuestiona y un Concejo que evita pronunciarse— deja a Puerto Deseado sin un marco político claro para exigir a Pan American Silver lo que antes se reclamaba con insistencia.
La pregunta que queda abierta
En este contexto, queda preguntarse: ¿Permitirá Puerto Deseado —y permitirá también el gobierno provincial— que esta situación continúe? ¿O llegará el momento de exigir, con la misma firmeza que se reclamó, cuando ya era tarde en Manantial Espejo, que Pan American Silver recupere el vínculo comunitario que la actividad minera necesita para sostener su legitimidad?
Porque, más allá de porcentajes, récords de producción o certificaciones corporativas, hay algo más básico que hoy no se está cumpliendo: estar presentes, escuchar y responder. Y en minería, una empresa que pierde su rostro comunitario empieza a perder también algo mucho más grave: su licencia social para operar.




















