Noticias, empresas y protagonistas de la minería argentina   ·   20 de septiembre de 2026    ·   15:03 hs
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La Ley de Glaciares reabre el debate estructural sobre minería y agua en Santa Cruz

La Ley de Glaciares reabre el debate estructural sobre minería y agua en Santa Cruz

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Glaciares de Escombros

Ley de glaciares y la realidad de Santa Cruz

La discusión en torno a la Ley 26.639 ha retomado centralidad en la agenda nacional y encuentra en Santa Cruz un escenario particularmente sensible. La provincia reúne dos condiciones que explican esta atención: una significativa concentración de glaciares y una matriz productiva fuertemente vinculada a la minería metalífera.

En este contexto, el debate no se presenta como una confrontación simple, sino como una tensión estructural aún no resuelta: cómo administrar recursos naturales estratégicos en un escenario donde la necesidad de desarrollo convive con restricciones ambientales cada vez más evidentes.

Santa Cruz alberga miles de cuerpos de hielo, muchos de ellos dentro del Parque Nacional Los Glaciares, donde se encuentra el emblemático Glaciar Perito Moreno. Este sistema, ampliamente protegido, convive con otra realidad menos visible pero igualmente relevante: el desarrollo minero en el Macizo del Deseado, donde operan proyectos como Mina San José y Cerro Vanguardia, pilares de la producción aurífera y argentífera del país.

La legislación vigente establece un marco de protección amplio. Prohíbe actividades extractivas en glaciares y ambientes periglaciales, reconoce su valor como reservas estratégicas de agua e impone evaluaciones de impacto ambiental. Además, el inventario nacional elaborado por el IANIGLA permitió dimensionar la magnitud y diversidad de estos sistemas en todo el país.

Sin embargo, el proyecto de reforma actualmente en discusión introduce cambios relevantes. Entre ellos, la redefinición de qué cuerpos deben considerarse protegidos, la posibilidad de que las provincias asuman mayor control sobre esa definición y una orientación general hacia la compatibilización con esquemas de inversión de largo plazo.

Una discusión que excede la coyuntura

En Santa Cruz, como en otras provincias mineras, el eje técnico del debate se desplaza hacia los denominados glaciares de escombros. Se trata de formaciones donde el hielo permanece cubierto por sedimentos, lo que dificulta su identificación a simple vista. A pesar de ello, cumplen una función hidrológica significativa: almacenan agua en estado sólido y la liberan de manera gradual, contribuyendo a la estabilidad de las cuencas en ambientes áridos.

Su importancia radica precisamente en esa capacidad de regulación. A diferencia de los glaciares tradicionales, cuya dinámica es más visible, estos sistemas actúan como reservas silenciosas que amortiguan variaciones climáticas y sostienen flujos hídricos en períodos de escasez. En regiones como el Macizo del Deseado, donde la disponibilidad de agua es un factor crítico, su rol adquiere una dimensión estratégica.

El interrogante que plantea la reforma es si todos estos cuerpos deben mantener el mismo nivel de protección o si corresponde diferenciarlos según su función específica. En ese punto se concentran las principales divergencias.

Desde el sector productivo se plantea la necesidad de contar con reglas más claras y estables, que permitan distinguir entre ambientes con impacto hídrico directo y aquellos cuya influencia es más limitada, además de fortalecer el rol de las provincias en la gestión de sus recursos naturales. Desde el ámbito científico, en cambio, se advierte sobre el carácter estratégico de estos sistemas incluso cuando su aporte no es inmediatamente visible, señalando que su alteración puede generar efectos acumulativos difíciles de revertir.

En términos operativos, la interacción entre minería y ambientes periglaciales implica desafíos concretos. Las intervenciones sobre el terreno pueden modificar patrones de escurrimiento, afectar la estabilidad del permafrost o alterar procesos de recarga hídrica. No se trata necesariamente de impactos inmediatos, sino de dinámicas que se manifiestan en el mediano y largo plazo.

La discusión, en definitiva, trasciende la coyuntura legislativa. Lo que está en juego es la definición de un criterio de equilibrio entre producción y conservación en un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos naturales. Santa Cruz, por su perfil productivo y su riqueza ambiental, se encuentra en una posición particularmente expuesta a esta decisión.

Más que una respuesta inmediata, el escenario plantea la necesidad de sostener una mirada integral, basada en información precisa, capacidad de control y evaluación continua de los efectos en el tiempo. En ese marco, el debate sobre la Ley de Glaciares no solo interpela a la política o a la industria, sino también a la forma en que se proyecta el desarrollo de la provincia hacia el futuro.

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