En nuestra columna de «Especialistas» vamos a abordar la importancia de las reuniones de preinicio para fortalecer la prevención y la participación de los trabajadores. En esta oportunidad, en primera persona, desde la óptica y trayectoria de un colaborador de Cerro Negro, que comenzó como operador y hoy continúa como formador y entrenador, quien también puso en valor las oportunidades de desarrollo profesional para los trabajadores de Santa Cruz y la Patagonia.
En la actividad minera, antes de que comiencen a funcionar los equipos, se pongan en marcha los circuitos de procesamiento o se desarrollen las tareas previstas para cada turno, existe una instancia que resulta determinante para el desarrollo de las operaciones: el preinicio o Pre-Start Meeting.
Se trata de la reunión que se realiza al comienzo de cada jornada y que, lejos de limitarse a distribuir instrucciones o establecer objetivos de producción, puede convertirse en una herramienta fundamental para la prevención, la comunicación y el trabajo en equipo.
Así lo plantea Mauricio Avendaño, quien compartió con nuestra redacción una reflexión sobre el valor de estos encuentros desde su experiencia como formador y entrenador dentro de la actividad minera.
Su planteo pone el foco en un aspecto central de las operaciones: la participación de los trabajadores en la planificación cotidiana de las tareas. Quienes se desempeñan diariamente frente a los equipos, en los distintos sectores de una planta o dentro de los circuitos productivos, cuentan con un conocimiento directo de las condiciones reales de trabajo. Incorporar esa experiencia a las conversaciones previas al inicio de cada turno permite enriquecer la evaluación de los riesgos y anticipar situaciones que podrían pasar inadvertidas.
Te puede interesar: Exitosa capacitación para operarios de Newmont Cerro Negro
La seguridad debe ocupar el primer lugar en cualquier planificación operativa. Antes de considerar las toneladas procesadas, los índices de recuperación o las onzas producidas, resulta indispensable que cada trabajador conozca los riesgos asociados a su actividad y las condiciones en las que deberá desarrollarla.
En ese sentido, el preinicio no debería funcionar como una instancia meramente formal de comunicación, sino como un espacio donde exista intercambio real. Escuchar inquietudes, compartir experiencias y permitir que los operadores planteen observaciones forma parte de una cultura preventiva que requiere el compromiso de todos los integrantes de la operación.
El tema adquiere especial relevancia en plantas de procesamiento de grandes dimensiones, donde conviven equipos, instalaciones y circuitos complejos destinados a la recuperación de oro y plata. La tecnología y los procedimientos son indispensables, pero su funcionamiento depende también de las capacidades, la preparación y las decisiones de las personas que intervienen en cada etapa.
La reflexión de Avendaño adquiere otra dimensión cuando se conoce su propio recorrido dentro de la industria. Su experiencia no comenzó en un puesto de formación ni llegó a la minería con conocimientos técnicos específicos. Comenzó como operador, tuvo posteriormente la posibilidad de desempeñarse en una sala de control y, más adelante, pasó al área de formación y entrenamiento, función que desarrolla actualmente.
Ese recorrido le permite poner en perspectiva una cuestión importante para el desarrollo minero de Santa Cruz: la formación de nuevos operadores y la posibilidad de que trabajadores de la región construyan una carrera dentro de la actividad.
Avendaño explicó que su formación secundaria fue en un bachillerato común y que, al terminar la escuela, no tenía conocimientos sobre minería. Su experiencia permite mostrar que las oportunidades de incorporación a la industria no necesariamente deben limitarse a quienes egresan de establecimientos técnicos o industriales. Esto no significa que los requisitos de formación específica sean secundarios, sino que existen caminos para que personas sin conocimientos mineros previos puedan ingresar, capacitarse y desarrollar competencias que les permitan crecer profesionalmente.
Desde su función actual, Avendaño señaló que también impulsa el crecimiento y el desarrollo del personal y de los operadores de Santa Cruz y de la región patagónica. La cuestión tiene especial relevancia en una provincia donde la actividad minera necesita trabajadores con experiencia y competencias específicas. La incorporación de personal local no termina con el ingreso a una operación: también requiere oportunidades de aprendizaje, acompañamiento y crecimiento que permitan construir trayectorias laborales sostenidas.
En ese proceso, el desafío de quienes tienen responsabilidades de formación no consiste solamente en enseñar cómo realizar una tarea, sino también en explicar por qué deben respetarse determinados procedimientos. Comprender los fundamentos de una práctica permite que el trabajador desarrolle criterio propio, identifique situaciones potencialmente peligrosas y tenga herramientas para actuar frente a condiciones que no considera adecuadas.
La posibilidad de detener una tarea, consultar o advertir sobre un riesgo debe formar parte de la dinámica habitual del trabajo. La prevención no puede depender exclusivamente de la existencia de procedimientos escritos: necesita que las personas los comprendan y puedan aplicarlos en situaciones concretas. La capacitación, por lo tanto, tampoco termina con una instancia formal de enseñanza, sino que se fortalece diariamente a través de la experiencia, el acompañamiento y la comunicación entre quienes conducen los equipos y quienes ejecutan las tareas.
En Santa Cruz, donde la minería constituye una de las principales actividades productivas, la formación y la prevención representan componentes centrales para el desarrollo de una industria que necesita sostener sus estándares operativos y fortalecer las capacidades de sus trabajadores.
Te puede interesar también: Trabajo en minería: Newmont busca analista de seguridad para Cerro Negro
La experiencia de Mauricio Avendaño reúne dos dimensiones estrechamente relacionadas: la seguridad cotidiana y el desarrollo de las personas. El preinicio permite preparar a los equipos para trabajar de manera segura; la formación ofrece herramientas para que los trabajadores comprendan sus responsabilidades y puedan crecer dentro de la industria.
Su propio recorrido, desde un puesto de operador hasta su actual función como formador y entrenador, muestra una de las posibilidades que ofrece la actividad: construir capacidades desde la experiencia y transmitirlas a nuevas generaciones de trabajadores.
Porque en minería, producir es una necesidad operativa, pero hacerlo sin comprometer la integridad de las personas y generar oportunidades de desarrollo para los trabajadores de la región es parte de la responsabilidad de construir una industria con mayor arraigo local.






























