Santa Cruz – En el competitivo mapa de la exploración minera argentina, donde pocos proyectos logran trascender el estadio inicial, el caso de Unico Silver en el Macizo del Deseado empieza a diferenciarse con datos concretos. La compañía no solo consolidó activos de alto perfil, sino que logró construir uno de los mayores recursos de plata del país en apenas tres años, con un enfoque técnico claro y consistente.

Al frente de ese proceso está Patricio Brividoro, geólogo egresado de la Universidad Nacional de La Plata, con una trayectoria centrada en sistemas epitermales de oro y plata y una fuerte impronta en campo. Su perfil responde a una lógica cada vez más dominante en la industria: transformar proyectos fragmentados en distritos integrados con masa crítica suficiente para convertirse en unidades de negocio reales.
Brividoro cuenta con más de 15 años de experiencia en exploración minera, tanto en etapas iniciales (greenfield) como en proyectos avanzados (brownfield) y desarrollo de depósitos epitermales de oro y plata. A lo largo de su carrera trabajó para compañías internacionales como Newmont y Goldcorp, participando en equipos multidisciplinarios y en la generación de descubrimientos que superan los 5 millones de onzas equivalentes de oro.
Desde 2023 se desempeña como vicepresidente de Exploración en Unico Silver, donde además de liderar campañas en campo, cumple un rol clave en la estrategia de adquisiciones y crecimiento de recursos, habiendo contribuido a incrementar significativamente la base mineral del proyecto en los últimos años.
330 millones de onzas de plata equivalente
Desde el inicio, el objetivo fue concreto: construir un recurso de escala nacional con foco en plata, capaz de posicionarse primero en Argentina y luego a nivel global. Para eso, la estrategia no fue explorar desde cero, sino identificar proyectos con historia, recursos existentes y potencial de crecimiento, consolidarlos y llevarlos a una nueva etapa. Así se integraron activos como Pingüino y Joaquín, junto con Sierra Blanca y Cerro Puntudo, muchos de ellos previamente en manos de compañías como Pan American Silver y Yamana Gold.
El resultado de esa consolidación, sumado a campañas intensivas de perforación —más de 30.000 metros recientes— permitió alcanzar un recurso global de aproximadamente 330 millones de onzas de plata equivalente. Dentro de ese total, unas 212 millones de onzas corresponden a material oxidado cercano a superficie, una condición clave porque habilita esquemas de explotación más competitivos, como minería a cielo abierto con procesos de lixiviación.
Este volumen ubica al proyecto entre los principales desarrollos de plata sin explotar en Argentina, en una liga donde aparecen referencias como Proyecto Navidad y Proyecto Diablillos. En paralelo, dentro del segmento de compañías enfocadas en plata, el proyecto ya se posiciona entre los más relevantes por volumen de recursos.
Pero más allá del número, lo que explica el avance es la lógica técnica aplicada. En el distrito Cerro León, por ejemplo, se consolidó un sistema de vetas de gran continuidad, con estructuras que alcanzan hasta 1.500 metros de longitud y más de 300 metros en profundidad, algo poco común incluso dentro del Macizo del Deseado. En estas estructuras se registran intersecciones de alta ley, con valores que superan ampliamente los estándares de corte de mina en varios sectores.

A esto se suma un dato que no es menor: el equipo logró identificar nuevos modelos de mineralización dentro de áreas con más de 20 años de exploración previa. La aparición de zonas con mineralización diseminada y en vetillas dentro del Grupo Tranquilo amplía el conocimiento geológico del distrito y abre nuevas oportunidades que no habían sido consideradas en etapas anteriores.
En Joaquín, el escenario es similar en términos de escala, pero con particularidades estructurales que refuerzan el potencial. La consolidación con Cerro Puntudo permitió confirmar la continuidad de vetas clave como La Negra y La Morocha, y detectar extensiones mineralizadas con espesores importantes, mineralización oxidada desde superficie y buena ley. El reconocimiento de sistemas tipo graben, asociados a grandes corredores estructurales, refuerza la hipótesis de estar frente a uno de los distritos más grandes del Macizo.

En este contexto, la provincia de Santa Cruz vuelve a jugar un rol determinante. Con operaciones consolidadas como Cerro Vanguardia, Cerro Negro y Cerro Moro, el territorio no solo valida el potencial geológico, sino también la viabilidad integral del negocio minero, desde la exploración hasta el cierre de mina. Esa combinación de geología, infraestructura y experiencia operativa es la que permite pensar en proyectos de gran escala con cierto grado de previsibilidad.
Otro aspecto central es la lógica de desarrollo. La compañía se posiciona en un segmento intermedio dentro de la industria: no es una exploradora puramente greenfield ni una operadora, sino una desarrolladora que busca construir recursos lo suficientemente grandes y confiables como para atraer inversión o eventualmente ser adquirida por un operador mayor. En ese esquema, el objetivo planteado es claro: alcanzar una unidad productiva del orden de 7 millones de onzas de plata equivalente por año durante al menos una década.
Si se compara con operaciones actuales a nivel global —incluyendo compañías como First Majestic Silver o la propia Pan American Silver— ese nivel de producción ubicaría al proyecto dentro del rango de minas relevantes, con potencial impacto en valorización. Hoy, la compañía capitaliza alrededor de 500 millones de dólares australianos, una cifra que el mercado suele contrastar con el volumen de recursos y el potencial productivo proyectado.
Mientras tanto, el trabajo en campo continúa. Actualmente se mantienen campañas de perforación activas en Joaquín, con equipos operando hasta la llegada del invierno, y en paralelo avanzan estudios clave para la siguiente etapa: geotecnia, hidrogeología, línea de base ambiental y metalurgia. Estos estudios son fundamentales para reducir incertidumbre y avanzar hacia una prefactibilidad, paso previo indispensable antes de cualquier desarrollo.
En ese camino, uno de los ejes técnicos más relevantes es la mejora en la calidad de los recursos. Pasar de recursos inferidos a indicados implica aumentar el nivel de confianza, lo que se logra con mayor densidad de perforación —en este caso con mallas de hasta 25 metros—, mejor calidad de muestreo, análisis geoquímicos completos (incluyendo elementos penalizantes) y estudios geometalúrgicos que permitan anticipar el comportamiento del mineral en planta. A esto se suman herramientas de geostatística para entender la variabilidad de leyes y definir el espaciamiento óptimo de perforación, algo particularmente desafiante en sistemas epitermales de baja sulfuración, caracterizados por fuertes cambios de ley en distancias cortas.

El objetivo final es claro: convertir recursos en reservas con un nivel de confianza suficiente como para sustentar una decisión de inversión. Para eso, la compañía ya trabaja con ingeniería especializada y laboratorios internacionales, en un esquema que apunta a completar la prefactibilidad y eventualmente avanzar hacia instancias como el RIGI.
En síntesis, el crecimiento de Unico Silver no responde a un único hallazgo puntual, sino a una estrategia integral sostenida en datos, geología y escala. Y en ese proceso, el rol de Patricio Brividoro refleja un perfil técnico alineado con lo que hoy demanda la industria: proyectos grandes, consistentes y con potencial real de convertirse en operación.
Al final del día, en un contexto donde muchos proyectos quedan en etapas tempranas, lo que empieza a construirse en el Macizo del Deseado muestra señales concretas de avanzar hacia una nueva fase. El desafío ya no es descubrir, sino demostrar viabilidad.
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