Empleo, formación y talento local: la otra medida del crecimiento minero
Santa Cruz concentra una parte decisiva del empleo minero argentino, pero detrás de los números aparece una discusión más profunda: cuántos de esos puestos llegan efectivamente a trabajadores de la provincia, cómo se prepara a quienes buscan su primera oportunidad y qué condiciones existen para sostener una carrera dentro de la actividad. Esta semana, nuevos programas para jóvenes, reclamos por empleo local, iniciativas para proveedores y debates sobre las condiciones laborales volvieron a conectar esas preguntas.
—Buen día, Chelo.
—Buen día, Ricky. ¿Café?
—Sí, pero hoy cambiemos. Pedime un cortado.
—¿Vos cambiando el café? Arrancamos raro.
—Hay que innovar de vez en cuando.
—Sentate entonces. Yo me quedo con el de siempre. ¿Por dónde empezamos?
—Por un número que parece muy bueno.
—Cuando empezás así siempre viene un “pero”.
—Santa Cruz registró 8.887 empleos mineros directos formales en marzo de este año. Eso representa el 22,1% de todos los puestos mineros del país.
—Más de uno de cada cinco.
—Exactamente. Y además el empleo provincial creció 3,1% respecto del año anterior, por encima del crecimiento nacional. Si mirás solamente la estadística, Santa Cruz sigue siendo la principal provincia minera en términos de empleo directo.
—Bueno, entonces algo estamos haciendo bien.
—Seguro. Pero falta una parte del dato.
—¿Cuántos son santacruceños?
—Ahí está. La información nacional permite saber dónde está registrado el empleo, pero no te dice automáticamente cuántos de esos 8.887 trabajadores tienen residencia efectiva en Santa Cruz.
—Y esa diferencia es importante.
—Muchísimo. Porque una cosa es decir que una mina ubicada en Santa Cruz genera determinada cantidad de puestos y otra es saber cuánto de ese empleo termina realmente en manos de gente que vive en la provincia.
—Por eso seguimos hablando del 90/10.
—Sí. Y esta semana José María Carambia fue bastante más lejos: planteó que las nuevas concesiones petroleras y mineras deberían exigir un 100% de trabajadores santacruceños.
—Del noventa al cien.
—Exactamente.
—Suena muy bien cuando lo decís rápido.
—El objetivo de maximizar el empleo local es perfectamente entendible. El problema es saber si una exigencia absoluta puede implementarse para todos los perfiles y en cualquier etapa de una operación. Hay especialidades que quizás no estén disponibles inmediatamente en la provincia, proyectos que necesitan perfiles muy específicos y además existe un marco constitucional y laboral que no se puede ignorar.
—Entonces, ¿no sirve?
—No diría eso. Sirve para poner el tema sobre la mesa. Lo que hay que discutir es cuál es la herramienta más efectiva. Podés tener una norma que diga cien por ciento y después descubrir que no tenés suficientes trabajadores preparados para determinados puestos. O podés construir un sistema donde cada año haya más gente de Santa Cruz en condiciones reales de ocuparlos.
—Ahí volvemos otra vez a formación.
—Y esta semana tenemos un ejemplo muy concreto.
—FILÓN.
—Minera Don Nicolás lanzó su programa de Jóvenes Profesionales junto con la UTN Santa Cruz. Va a incorporar entre ocho y diez participantes por cohorte, con una experiencia inicial de seis meses que para determinados perfiles puede extenderse hasta doce. Los jóvenes van a trabajar con un esquema 14 por 14 y cada uno tendrá acompañamiento de un profesional experimentado de la compañía.
—¿Para recién recibidos?
—Para estudiantes avanzados y graduados recientes de Ingeniería Industrial, Electromecánica y carreras afines. La idea es que tengan experiencia real dentro de la operación, mentoría y un recorrido de desarrollo profesional.
—Eso se parece bastante a VETA.
—Sí, y está bueno compararlos porque empieza a aparecer algo que hasta hace poco no era tan frecuente en Santa Cruz. VETA, de Minera Santa Cruz, también trabaja con jóvenes profesionales de la provincia durante seis meses, combinando experiencia directa en operación, mentoría y capacitación. Incluso puso como requisito excluyente la residencia en Santa Cruz.
—¿Y Pan American?
—Tiene Futuro PAS. Es un programa de doce meses en Cerro Moro destinado a jóvenes profesionales recién graduados de distintas ingenierías y geología, sin experiencia laboral previa. También combina inmersión en una operación real, acompañamiento y desarrollo profesional.
—Entonces ya tenemos tres.
—Y podemos sumar a Cerro Vanguardia, aunque ahí hay que marcar una diferencia. Su Programa Colaborador Minero estuvo orientado a jóvenes egresados de escuelas secundarias técnicas y comunes. La experiencia fue mucho más corta y enfocada en capacitación para tareas generales mineras, con rotaciones por mina a cielo abierto y subterránea, prácticas de seguridad y una certificación laboral.
—O sea que no son todos iguales.
—No. Y justamente eso es lo interesante. FILÓN, VETA y Futuro PAS apuntan principalmente a profesionales jóvenes. Cerro Vanguardia trabajó con otro perfil y otra instancia formativa. Son modelos distintos, pero todos intentan resolver una parte del mismo problema: cómo generar una primera experiencia dentro de una industria a la que desde afuera muchas veces cuesta entrar.
—Eso me gusta más que anunciar solamente una búsqueda laboral.
—A mí también. Porque una vacante cubre una necesidad puntual. Un programa de formación puede empezar a construir una cantera de personas que después tengan herramientas para competir por distintas oportunidades, incluso en otras empresas.
—Ahora, tampoco vendamos que todos van a terminar contratados.
—Por supuesto que no. Participar de uno de estos programas no equivale automáticamente a conseguir un puesto permanente. Hay que mirar los resultados con el tiempo: cuántas personas completan la experiencia, cuántas consiguen insertarse después y cuántas pueden desarrollar una carrera dentro de la industria.
—Pero por lo menos resuelve aquella frase que repetimos siempre.
—“Para trabajar me piden experiencia y para tener experiencia necesito que alguien me dé trabajo”.
—Esa.
—Exactamente.
—Y justo Minera Don Nicolás anunció FILÓN mientras viene mostrando mejores números productivos.
—Sí. En el tercer trimestre produjo 16.685 onzas de oro equivalente, un 21% más que durante el mismo período del año pasado. Entre enero y septiembre acumuló 44.942 onzas y Cerrado Gold espera terminar 2026 cerca del extremo superior de su proyección anual, que va de 50.000 a 60.000 onzas.
—Entonces tiene sentido pensar también en gente.
—Claro. Una operación que busca mejorar productividad, explorar nuevas áreas y eventualmente ampliar su escala necesita pensar su capital humano. No significa que porque produzca 21% más vaya a contratar 21% más de trabajadores. Esa relación no funciona así. Pero sí muestra algo interesante cuando una compañía trabaja al mismo tiempo sobre producción, exploración y formación de profesionales.
—Que está mirando más allá del próximo trimestre.
—Al menos esa es la señal. Después habrá que ver qué resultados tienen los proyectos y el propio programa.
—Mirá cómo cuidás cada palabra.
—Después me retás si me entusiasmo demasiado.
—Bien aprendido.
—Además, cuando hablamos de empleo no alcanza con mirar cómo entra la gente.
—También importa cómo se queda.
—Exactamente. ASIJEMIN estuvo recorriendo Cerro Negro, Cerro Vanguardia y Minera Santa Cruz para reunirse con trabajadoras y escuchar problemas vinculados con condiciones laborales, organización familiar y licencias por cuidados.
—Eso me parece una discusión importante porque durante años el debate fue solamente cómo lograr que ingresen más mujeres.
—Y sigue siendo necesario. Pero después aparece una segunda etapa: qué condiciones encuentra una mujer cuando ya está dentro de la operación, cómo desarrolla su carrera, qué pasa con la maternidad, los cuidados y los regímenes largos de permanencia en yacimiento.
—Porque podés mejorar la estadística de ingreso y después perder gente porque el sistema no acompaña.
—Exactamente. Y Pan American Silver también trabajó esta semana sobre otra dimensión de las relaciones laborales. En Cerro Moro hicieron talleres sobre masculinidades, equidad y bienestar laboral con más de 340 trabajadores propios y de empresas contratistas.
—Más de 340 es bastante.
—Sí. Se trabajó sobre estereotipos, roles de género y cómo esas cuestiones impactan en los vínculos dentro de los equipos. Puede parecer un tema alejado de la producción, pero cualquier persona que haya trabajado muchos días en un campamento sabe que la convivencia y las relaciones humanas también forman parte de la operación.
—Totalmente. Un yacimiento no es solamente máquinas y procesos. Hay cientos de personas conviviendo muchas horas, con presión, turnos largos y responsabilidades importantes.
—Y ahí empezamos a ampliar bastante el concepto de empleo. No es solamente tener un puesto. También importa en qué condiciones trabajás y qué posibilidades tenés de permanecer y crecer.
—Hasta ahí te sigo. Pero te voy a complicar un poco la charla.
—Dale.
—Esta semana también apareció un tema bastante más incómodo alrededor de Cerro Vanguardia.
—El hallazgo de sustancias en vehículos que trasladaban trabajadores.
—Sí.
—Hubo un procedimiento policial sobre colectivos, traffic y camionetas que se dirigían hacia la operación. A partir de ahí volvió a aparecer una discusión sobre drogas y seguridad en minería.
—Que es delicada.
—Muchísimo. Primero porque estamos hablando de tareas de alto riesgo. Nadie puede relativizar la importancia de trabajar en condiciones psicofísicas adecuadas cuando hay maquinaria pesada, explosivos, conducción o trabajo subterráneo.
—Pero tampoco podés meter a todo el mundo en la misma bolsa.
—Exactamente. La presencia de una sustancia en un vehículo no convierte automáticamente en responsables a todos los trabajadores que viajaban allí. Las responsabilidades individuales tienen que determinarse con procedimientos válidos y pruebas.
—¿Sabemos si es un problema extendido en la minería santacruceña?
—No. Y ese es justamente el punto. Hoy no existe información pública consolidada que permita comparar cantidad de controles, casos positivos y evolución de la problemática entre las distintas operaciones.
—Entonces cualquier afirmación general sería una impresión.
—Sí. Necesitamos datos. Protocolos claros, controles técnicamente correctos, confidencialidad y también herramientas de prevención y asistencia. Seguridad sí, pero con evidencia y sin convertir a miles de trabajadores en sospechosos por algunos casos.
—Ese equilibrio no siempre es fácil.
—Pero es necesario.
—Bueno, pasemos a los proveedores, porque ahí también hubo movimiento.
—Y bastante conectado con Perito Moreno.
—Hace semanas venimos hablando del reclamo.
—Sí. Matías Treppo volvió a señalar que las empresas de la localidad han perdido protagonismo frente a otros proveedores, incluso teniendo experiencia e inversiones hechas. La novedad es que después de las reuniones empiezan a aparecer acciones más concretas.
—Minera Santa Cruz.
—Va a realizar el 28 y 29 de octubre dos jornadas destinadas a proveedores de Perito Moreno. Habrá capacitación para explicar procedimientos de contratación y licitación y espacios de vinculación comercial.
—Eso es exactamente lo que pedíamos cuando hablábamos de no quedarse solamente en la reunión.
—Sí. Ahora empieza otra etapa. Hay que ver cuántas empresas participan, qué barreras consiguen resolver y, sobre todo, si después alguna de esas relaciones termina convirtiéndose en oportunidades comerciales reales.
—Porque aprender a cargar un portal de proveedores sirve, pero no paga sueldos.
—Tal cual.
—Y CAPROMISA volvió a marcar algo que me parece todavía más preocupante.
—Que conseguir contratos no siempre significa crecer.
—Exactamente.
—Amadeo Gravino planteó que existen PyMEs santacruceñas trabajando para la minería que atraviesan dificultades económicas y tienen poca capacidad para invertir o ampliar operaciones.
—Eso es más complejo que “entrar o no entrar”.
—Mucho más. Durante años discutimos cómo conseguir que las empresas locales accedieran a los contratos. Ahora aparece una segunda pregunta: una vez que entran, ¿el negocio les permite desarrollarse?
—Porque si tenés trabajo pero no podés cambiar un equipo, contratar gente o financiarte para cumplir el próximo contrato, estás sobreviviendo.
—Ahí está. El desarrollo de proveedores no puede medirse solamente contando cuántos CUIT santacruceños aparecen en una lista. También hay que mirar rentabilidad, continuidad de contratos, plazos de pago, capacidad financiera y posibilidades de inversión.
—Y eso vuelve a impactar en empleo.
—Por supuesto. Una PyME que crece incorpora trabajadores. Una PyME que apenas sobrevive difícilmente genere nuevas oportunidades.
—Entonces tenemos empleo directo e indirecto en la misma charla.
—Y la semana que viene hay otra prueba interesante.
—La ronda del RIGI.
—El 29 de octubre se va a realizar en Rosario una ronda de negocios vinculada con grandes proyectos del régimen. Hay más de 1.800 proveedores inscriptos y representantes de 41 compañías.
—Eso es enorme.
—Sí. Para las empresas santacruceñas puede abrir una posibilidad que no necesariamente está atada a venderle solamente a una mina de Santa Cruz. Si tienen experiencia, certificaciones y capacidad, podrían intentar participar de cadenas de abastecimiento de proyectos que se están desarrollando en otras provincias.
—Eso también es desarrollo.
—Totalmente. Una empresa que nació prestándole servicios a la minería santacruceña y después consigue vender en San Juan, Salta o Catamarca está aprovechando el conocimiento acumulado acá para crecer fuera de la provincia.
—Pero también va a competir con 1.800 empresas.
—Exactamente. Por eso no alcanza con declararse proveedor minero. Hay que tener costos competitivos, capacidad técnica, certificaciones, respaldo financiero y entender cómo compran las grandes compañías.
—Y ahí las cámaras deberían tener un papel importante.
—Capacitación, inteligencia comercial, vínculos, información sobre oportunidades… sí.
—Te hago una pregunta.
—Dale.
—¿No es raro que estemos discutiendo proveedores con dificultades y al mismo tiempo Santa Cruz sea la provincia que más empleo minero tiene?
—No necesariamente. Son indicadores diferentes. Una provincia puede tener muchas operaciones y mucho empleo directo, pero eso no significa que todas las empresas que forman parte de la cadena tengan buena rentabilidad ni que el impacto se distribuya de manera uniforme.
—Ese es el problema de mirar un solo número.
—Exactamente. Los 8.887 puestos son importantes. El 22,1% nacional también. Pero no te cuentan toda la historia.
—Y por eso vuelvo a lo del cien por ciento de empleo.
—Sabía.
—La intención puede ser buena, pero si queremos que cada vez haya más santacruceños trabajando necesitamos mucho más que un porcentaje escrito.
—Necesitás escuelas técnicas, universidades, programas como FILÓN o VETA, capacitación, primera experiencia, proveedores que crezcan y operaciones que sigan produciendo.
—Y proyectos nuevos.
—Siempre.
—Porque si dentro de diez años hay menos minas, podés tener la mejor ley de empleo local del mundo y vas a estar repartiendo menos puestos.
—Exactamente.
—Entonces formación y exploración tienen que ir juntas.
—Y producción.
—Justamente Minera Don Nicolás es un buen ejemplo esta semana. Produce más que hace un año, está explorando para crecer y al mismo tiempo lanza un programa de profesionales jóvenes.
—Tres capas.
—Producción actual, futuro geológico y futuro laboral.
—Mirá vos, esa frase te salió bien.
—Anotala.
—No traje nada.
—Usá el teléfono.
—Después.
—Hay otro tema que no quisiera dejar afuera.
—¿Octubre Rosa?
—Sí. Newmont hizo una jornada en Cerro Negro vinculada con prevención y detección temprana del cáncer de mama.
—También entra en esta idea de bienestar laboral.
—Exacto. Quizás no sea el gran tema minero de la semana, pero sirve para recordar que la salud ocupacional y la prevención también forman parte de la vida de una organización. No todo lo que una minera hace con sus trabajadores tiene que estar relacionado directamente con producción.
—Y si vamos a hablar de comunidades laborales, entra perfectamente.
—Coincido.
—Bueno, ahora resumime la semana.
—¿Otra vez yo?
—Ya es tradición.
—A ver… Santa Cruz tiene casi nueve mil empleos mineros directos y lidera el país.
—Buen comienzo.
—Pero todavía necesitamos saber mejor cuántos de esos puestos son ocupados por santacruceños y cómo evoluciona realmente el cumplimiento de la prioridad laboral.
—Seguimos.
—Mientras se discute si deberíamos llegar al cien por ciento de empleo local, aparecen empresas creando programas concretos para formar jóvenes y darles experiencia dentro de los yacimientos.
—FILÓN, VETA, Futuro PAS…
—Y otras experiencias con perfiles diferentes.
—Bien.
—Al mismo tiempo, las mujeres plantean que entrar no alcanza si después no existen condiciones para sostener una trayectoria laboral. Los proveedores dicen algo bastante parecido desde el lado empresario: conseguir un contrato tampoco garantiza crecer.
—Mirá cómo conectaste eso.
—Es la misma lógica.
—¿Cuál?
—Entrar es solamente el comienzo.
—Eso sirve para el trabajador y para la empresa.
—Exactamente.
—Y después necesitás continuidad.
—Formación, oportunidades, condiciones laborales, contratos sostenibles y proyectos que permitan mirar algunos años hacia adelante.
—Entonces el gran desafío no es solamente conseguir más empleo minero.
—Es construir una cadena donde las personas y las empresas puedan desarrollarse alrededor de la minería.
—Mirá qué institucional te pusiste.
—Debe ser el cortado.
—¿Te gustó al final?
—No.
—Sabía.
—La semana que viene vuelvo al de siempre.
—Algunas tradiciones es mejor no tocarlas.
—¿Pedimos otro?
—¿Otro cortado?
—No exageres. Uno normal.
—Ahí está el Ricky que conozco.
—Pedilo y dejá de hablar.
—¿Pago yo?
—La semana pasada dividimos.
—Entonces hoy vos.
—Qué memoria selectiva tenés.
—Para algunas cosas funciona perfecto.
—La semana que viene traigo una libreta.
—¿Para anotar las noticias?
—No. Para llevar la cuenta de quién paga.
—Eso sí que puede generar conflicto.
—Más que el 100% de empleo.
—No exageres.
—Pedí el café, Chelo.




























