La propuesta de la concejal Vanesa Posse para recuperar el Albergue Estudiantil Municipal en Comodoro Rivadavia generó numerosas muestras de apoyo y acompañamiento, pero también recibió cuestionamientos de quienes consideran que Puerto Deseado debería avanzar directamente hacia la creación de una universidad en la localidad.
Algunas de esas voces interpretaron la iniciativa como una forma de “quedarse en la chiquita”, frente a una demanda que apunta a generar una oferta universitaria propia. Sin embargo, esa discusión plantea una pregunta que merece ser analizada con datos y no solamente desde las aspiraciones: ¿qué alternativa puede ofrecer resultados concretos para los jóvenes deseadenses en el corto plazo? Porque mientras una universidad propia puede constituir un objetivo estratégico para el futuro, el proyecto de Posse parte de una necesidad existente y propone una herramienta que podría comenzar a funcionar mucho antes.
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Según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 del INDEC, Puerto Deseado tiene 16.812 habitantes. Se trata de una comunidad que, como buena parte de las localidades patagónicas, enfrenta el desafío de generar oportunidades de formación superior sin perder de vista las dificultades que implica sostener una oferta educativa de calidad en un territorio extenso y con grandes distancias entre sus centros urbanos.
La discusión sobre la educación superior en Puerto Deseado no es nueva. La comunidad reclama desde hace años mayores posibilidades de acceso a estudios universitarios y, dentro de ese reclamo, aparece naturalmente la posibilidad de contar con una institución universitaria en la propia ciudad. Es una aspiración legítima y puede formar parte de una planificación estratégica para los próximos años. Pero entre una aspiración y una política pública existe una diferencia fundamental: la viabilidad y los tiempos necesarios para concretarla.
Una universidad no es solamente un edificio con aulas. Requiere carreras aprobadas, autoridades académicas, docentes, investigadores, personal administrativo, bibliotecas, laboratorios cuando corresponda, conectividad, equipamiento, presupuesto permanente y una cantidad suficiente de estudiantes que permita sostener la estructura. También demanda definir qué carreras se dictarán, cuáles serán sus perfiles profesionales y cómo se garantizará la disponibilidad de docentes especializados.
Mientras ese debate puede y debe continuar, la concejal Vanesa Posse presentó una alternativa mucho más inmediata: recuperar el Albergue Estudiantil Municipal en Comodoro Rivadavia, destinado a jóvenes de Puerto Deseado que necesitan trasladarse para continuar estudios universitarios o terciarios.
Y allí aparece una diferencia fundamental. Una universidad propia puede ser un objetivo de largo plazo. Un albergue puede comenzar a resolver el problema de quienes necesitan estudiar ahora.
Los números y la realidad educativa de Puerto Deseado
El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 registró 16.812 habitantes en Puerto Deseado, distribuidos en 6.261 viviendas particulares. El dato corresponde específicamente a la localidad y no debe confundirse con la población del departamento Deseado, que comprende también a otras ciudades y localidades de la zona.
En 2010 Puerto Deseado tenía 14.183 habitantes. El crecimiento registrado entre ambos censos fue de 2.629 personas, equivalente aproximadamente a un 18,5%. Para actualizar esa cifra a 2026 sería necesario contar con una estimación oficial específica para la localidad, por lo que resulta más prudente trabajar con el último dato censal disponible y comprobable.

Tampoco resulta conveniente establecer sin respaldo estadístico una cantidad determinada de “potenciales estudiantes universitarios”. El INDEC dispone de información desagregada por edad a través de REDATAM, pero esa información debe ser procesada específicamente para Puerto Deseado antes de utilizarla como una cifra concreta. Lo que sí puede afirmarse es que existe una población joven que demanda educación superior y que los estudiantes deseadenses ya forman parte de la matrícula de instituciones de la región.
La Unidad Académica Caleta Olivia de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral informó que entre sus ingresantes de 2025 el 63,7% tenía hasta 22 años y que los nuevos estudiantes provenían de más de 32 localidades, entre ellas Puerto Deseado. El dato resulta significativo porque demuestra que los jóvenes de la localidad ya utilizan la oferta universitaria regional.
El problema, entonces, no pasa únicamente por determinar si existe demanda. También hay que preguntarse cuánto cuesta acceder a esa oferta cuando para hacerlo es necesario abandonar temporalmente la ciudad de origen.
Puerto Deseado, además, no parte de cero en materia de educación superior. El Instituto Superior de Enseñanza Técnica tiene presencia en la localidad y trabaja articuladamente con la Sede de Educación Superior Municipal, ofreciendo formación técnica vinculada con necesidades concretas del territorio. Entre las propuestas se encuentran carreras como Mantenimiento Industrial, Bromatología y Geología, de acuerdo con la oferta institucional y los llamados realizados por el organismo.
A esto se suma la presencia de la Universidad Siglo 21 a través de un Centro de Apoyo Universitario en la ciudad, lo que demuestra que existen modelos capaces de acercar determinadas propuestas universitarias sin necesidad de instalar inmediatamente una estructura universitaria completa.
La discusión, por lo tanto, no parte de una ciudad sin educación superior. Existe una base sobre la cual seguir construyendo y ampliando alternativas.
El reclamo por una universidad propia puede ser razonable, pero para analizarlo seriamente hay que preguntarse qué universidad se pretende construir. ¿Con qué carreras? ¿Cuántos alumnos tendría cada una? ¿Cuántos docentes serían necesarios? ¿Cuántos deberían trasladarse desde otras localidades? ¿Qué disciplinas requerirían laboratorios o equipamiento específico? ¿Cómo se financiaría la estructura durante los primeros años, cuando la matrícula todavía no alcanzara para sostenerla?
Son preguntas que no tienen una respuesta sencilla.
Incluso la actual educación superior técnica de Puerto Deseado permite observar la dificultad que puede existir para cubrir determinados perfiles docentes. En 2025, el InSET publicó concursos para materias vinculadas con Bromatología que requerían profesionales y docentes especializados en áreas como Física, Química, Ingeniería Química, Bioquímica, Ingeniería en Alimentos, Tecnología de los Alimentos, Bromatología e Ingeniería Industrial, entre otras.
Contar con profesionales en la localidad, por lo tanto, no significa automáticamente disponer de una planta docente suficiente para desarrollar una determinada carrera universitaria. Una institución de mayor complejidad necesita multiplicar esa estructura de acuerdo con cada propuesta académica.
También existe una cuestión logística que no puede ser ignorada. Comodoro Rivadavia aparece naturalmente como uno de los destinos educativos de referencia para los jóvenes de Puerto Deseado, pero ambas ciudades están separadas por alrededor de 297 kilómetros por ruta. El viaje demanda aproximadamente tres horas en automóvil y puede ser considerablemente mayor mediante transporte público.
Para un estudiante, esa distancia prácticamente descarta la posibilidad de trasladarse diariamente. Cuando una carrera debe cursarse en otra ciudad, el problema deja de ser exclusivamente académico y pasa a ser también habitacional y económico.
Alquiler, servicios, alimentación, transporte y gastos cotidianos se agregan al costo propio de estudiar.
Es precisamente esa barrera la que intenta atacar el proyecto de Vanesa Posse. Su iniciativa no pretende reemplazar una universidad. Pretende evitar que el costo de vivir en otra ciudad se convierta en una barrera para acceder a ella y ese puede ser, probablemente, el argumento más fuerte a favor de la propuesta.
Si Puerto Deseado comenzara hoy el proceso para crear una institución universitaria propia, los resultados no serían inmediatos. Habría que definir el modelo institucional, realizar estudios de demanda, establecer las carreras, determinar el financiamiento, desarrollar infraestructura y atravesar los procesos académicos y administrativos correspondientes.
En cambio, recuperar un albergue implica resolver una necesidad mucho más acotada. Hay estudiantes que quieren estudiar. Hay universidades funcionando. Hay carreras disponibles. Hay ciudades cercanas con infraestructura universitaria.
Lo que falta, para muchos jóvenes, es poder afrontar el costo de vivir allí. Ese es un problema concreto que puede ser abordado con una herramienta concreta.
La UNPA, por ejemplo, cuenta en Caleta Olivia con una amplia oferta de carreras y constituye uno de los principales centros universitarios de referencia para el norte santacruceño. La propia institución reconoce dentro de su área de influencia a localidades que se extienden desde Puerto Deseado hasta Los Antiguos.
Eso significa que un joven deseadense no necesariamente necesita esperar la creación de una universidad en su localidad para convertirse en profesional. La oferta regional ya permite acceder a carreras vinculadas con administración, educación, ingeniería, sistemas, trabajo social, turismo, seguridad e higiene y otras áreas.
En muchos casos, la oferta existe. El desafío es hacerla accesible.
El proyecto de Posse propone, precisamente, que el alquiler, el equipamiento y la puesta en marcha del albergue puedan financiarse mediante recursos del Fideicomiso Minero, además de articular con empresas locales.

Ese aspecto merece una discusión especialmente seria en Puerto Deseado. La actividad minera tiene un peso significativo en la economía local y los recursos vinculados a ella deben traducirse en proyectos que generen beneficios concretos y sostenibles para la comunidad. Una obra de infraestructura puede resolver una necesidad puntual, pero la formación de personas puede producir un impacto que se extienda durante décadas.
La sostenibilidad de la actividad minera también se relaciona con la capacidad de las comunidades para generar capital humano, desarrollar proveedores, incorporar trabajadores calificados y ofrecer oportunidades de crecimiento a las nuevas generaciones.
Un joven que consigue terminar una carrera universitaria o terciaria puede convertirse en técnico, ingeniero, profesional de la salud, especialista en seguridad, docente, administrador o trabajador calificado. Puede desarrollar su actividad en Puerto Deseado, en Santa Cruz o regresar a la localidad después de formarse.
Desde esa perspectiva, un albergue no debería ser entendido simplemente como un gasto en alojamiento, estaríamos hablando de de una inversión en capital humano.
Y hay otra realidad que tampoco puede quedar fuera del debate. Puerto Deseado necesita educación superior, pero también necesita que los niveles inicial, primario y secundario funcionen correctamente. Durante 2026 la comunidad educativa protagonizó reclamos por problemas en distintos establecimientos escolares y el Consejo Provincial de Educación debió desplegar trabajos de mantenimiento y reparación. En septiembre, el organismo informó una inversión superior a $425 millones en mantenimiento y mejoras de escuelas de Puerto Deseado, con intervenciones vinculadas con calefacción, redes de agua, sanitarios y otros sectores de los edificios.
El dato no debería utilizarse para desviar la discusión universitaria. Al contrario, debería servir para entender que la política educativa necesita prioridades y etapas.
Una ciudad puede reclamar una universidad mientras trabaja para resolver sus problemas de infraestructura escolar. No existe contradicción entre ambas cuestiones. Pero tampoco debería plantearse que la universidad será la solución de todos los problemas educativos.
Una universidad recibe estudiantes que previamente deben haber atravesado con éxito la educación obligatoria, si existen dificultades en primaria y secundaria, la respuesta también debe comenzar allí.
Puerto Deseado puede, perfectamente, continuar reclamando una universidad, estudiar su factibilidad, ampliar las tecnicaturas existentes, fortalecer la educación virtual, gestionar nuevas extensiones áulicas y, al mismo tiempo, recuperar el albergue propuesto por Vanesa Posse. No hay contradicción.
De hecho, el albergue podría formar parte de una estrategia educativa mucho más amplia. En una primera etapa permitiría que jóvenes deseadenses accedan a carreras que hoy no están disponibles en la localidad. En el futuro, si Puerto Deseado logra ampliar su oferta de educación superior, podría continuar funcionando como residencia para quienes deban trasladarse para estudiar determinadas carreras.
La diferencia está en los tiempos, una universidad propia puede ser un proyecto estratégico de largo plazo. El albergue es una política mucho más acotada y potencialmente ejecutable en el corto plazo y esa diferencia importa cuando hay jóvenes que necesitan decidir hoy si pueden estudiar o no.
El verdadero desafío de Puerto Deseado no debería reducirse a tener o no tener una universidad. Debería ser mucho más ambicioso: lograr que cada vez más jóvenes de la localidad puedan acceder a una formación superior y convertirse en trabajadores calificados y profesionales.
Para eso será necesario fortalecer la educación obligatoria, ampliar las tecnicaturas, mejorar la articulación con universidades, generar oportunidades de capacitación vinculadas con la economía local y facilitar el acceso a las instituciones que ya existen fuera de la ciudad.
En ese esquema, el proyecto de Vanesa Posse tiene una virtud que merece ser reconocida: no parte de una promesa de infraestructura futura, sino de una necesidad actual y de una herramienta que puede comenzar a atenderla sin esperar la creación de una nueva universidad.
Puerto Deseado puede seguir mirando hacia adelante y reclamar una institución universitaria propia. Puede hacerlo y debería estudiar seriamente qué modelo universitario necesita, qué carreras serían estratégicas para su economía y cuál sería la mejor manera de financiarlo.
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Pero mientras ese objetivo se analiza y eventualmente se concreta, hay jóvenes que necesitan estudiar ahora. Y si los recursos del Fideicomiso Minero pueden ayudar a que un estudiante pueda afrontar una residencia, permanecer en Comodoro Rivadavia y terminar una carrera, el resultado también será desarrollo para Puerto Deseado.
No será la universidad que muchos reclaman. Pero puede una ayuda pronta para una comunidad que necesita con la misma urgencia: más jóvenes formados, más técnicos, más profesionales y más capacidades para construir el futuro de la ciudad.





























