Empleo local en Santa Cruz: el trabajo también se juega fuera del yacimiento
El empleo local en Santa Cruz volvió a atravesar buena parte de la agenda minera. Los controles sobre el 90/10 conviven con una discusión cada vez más visible: para generar trabajo no alcanza con mirar únicamente cuántas personas contrata una operadora. También importa qué sucede con las empresas proveedoras, cuánto duran sus contratos, si pueden invertir y qué capacidades quedan instaladas en las comunidades.
—Buen día, Chelo.
—¿Buen día? Ricky, es lunes.
—Ya sé.
—El viernes dijimos “nos vemos la semana que viene” y directamente nos comimos el viernes y el sábado.
—Se complicó.
—Se nos pasó la columna.
—Bueno, técnicamente llegamos.
—Cuarenta y ocho horas tarde.
—No exageres.
—Sentate y pedí el café. Hoy no te dejo elegir el cortado porque la última vez te arrepentiste.
—Uno normal entonces. Y reconozco que tenemos que dar explicaciones.
—¿Qué ponemos?
—Que entre reuniones, noticias y una semana que no terminó nunca se nos hizo lunes.
—Muy profesional.
—Somos dos amigos tomando café, Chelo. Tampoco hagamos un comunicado oficial.
—Bueno, aceptado. ¿Por dónde arrancamos?
—Por algo que venimos rodeando hace varias semanas y que esta vez apareció prácticamente en todas las noticias.
—Empleo local.
—Sí. Pero quiero empezar a mirarlo desde otro lugar. Porque cuando hablamos de empleo minero pensamos inmediatamente en una operadora contratando trabajadores.
—Es lógico.
—Claro. Pero detrás de una mina tenés decenas o cientos de empresas prestando servicios. Y cuando una de esas empresas consigue un contrato, también contrata gente.
—Operadores, choferes, técnicos, administrativos, seguridad, mantenimiento…
—Exactamente. Entonces quizás la discusión sobre empleo local tenga que empezar a mirar mucho más seriamente qué pasa con los proveedores.
—Eso justo apareció fuerte esta semana.
—Muy fuerte. Hubo una columna de Ezequiel Morisio que lo resumió de una manera bastante directa: sin contratos locales, no hay empleo regional.
—Suena terminante.
—Pero tiene lógica. Una PyME que consigue continuidad puede incorporar personal, capacitarlo, comprar equipos y proyectarse. Una empresa que pierde contratos o no sabe si va a trabajar dentro de tres meses hace exactamente lo contrario: frena incorporaciones, reduce gastos y empieza a cuidar cada peso.
—Y el trabajador termina sintiendo una decisión comercial que quizás se tomó bastante lejos.
—Ahí está. Una licitación no es solamente una planilla de precios. Detrás hay puestos de trabajo.
—Eso lo entiende perfectamente alguien que tiene una empresa chica. Si me das un contrato por dos años, puedo pensar en comprar una máquina, sumar dos personas, capacitarlas. Si me contratás tres meses y después no sé qué pasa, difícilmente haga esa inversión.
—Y esta semana tuvimos un caso bastante extremo de ese problema.
—Lo de Service Minera.
—Sí. SM Construcción y Servicios y Service Minera están atravesando una situación financiera muy complicada. Tienen cuentas embargadas, dificultades para seguir operando y una estructura que terminó reducida a tres trabajadores.
—Lo que más me llamó la atención fue que llegaron a rechazar órdenes de compra.
—Exactamente. Y ahí aparece una contradicción enorme. Pasamos años preguntándonos cómo lograr que una empresa santacruceña consiga oportunidades en minería y terminamos encontrándonos con una empresa que consigue una oportunidad pero no tiene espalda financiera para ejecutarla.
—Eso es grave.
—Porque demuestra que entrar a la cadena no alcanza.
—Lo mismo que decíamos con los trabajadores.
—Tal cual. Hace dos semanas dijimos “entrar es solamente el comienzo” hablando de empleo. Con las empresas pasa lo mismo.
—Necesitás capital de trabajo.
—Financiamiento, previsibilidad, plazos de pago compatibles, capacidad para comprar insumos, pagar salarios y sostenerte hasta cobrar.
—Y muchas veces una empresa chica tiene que financiar primero a una compañía muchísimo más grande.
—Ese es uno de los puntos que habría que estudiar mejor. Cuánto demora realmente el flujo entre que una PyME presta un servicio, certifica, factura y finalmente cobra.
—Porque mientras tanto el sueldo vence todos los meses.
—Exactamente.
—Entonces cuando hablamos de empleo local en Santa Cruz, quizás deberíamos empezar a preguntar también cuánto trabajo generan los contratos con empresas de la provincia.
—Y cuánto empleo se pierde cuando esos contratos desaparecen.
—También.
—Eso cambia bastante la discusión del compre local.
—Muchísimo. Porque deja de ser una pelea entre empresarios por una factura y empieza a verse como política de desarrollo.
—Ahora, tampoco podemos convertir cualquier empresa local en intocable.
—Por supuesto que no. Ser santacruceño no reemplaza eficiencia, seguridad, cumplimiento fiscal ni capacidad técnica.
—Ni buena administración.
—Especialmente buena administración.
—Lo digo porque a veces la discusión queda demasiado cómoda. “La minera tiene que contratarme porque soy local”.
—Y no. La operadora tiene que generar oportunidades transparentes y condiciones razonables para que las empresas locales puedan competir. Pero después el proveedor tiene que cumplir.
—Entonces el verdadero desarrollo de proveedores está en el medio.
—Ahí está. No es regalar contratos ni tampoco abrir una licitación donde una PyME santacruceña compita en exactamente las mismas condiciones financieras que una compañía nacional con diez veces su espalda.
—Eso requiere trabajo.
—Cámaras, empresas, Estado, financiamiento…
—Y contratos suficientemente previsibles.
—Justamente por eso me interesó que esta semana el Gobierno volviera a poner el foco en el 90/10.
—Vidal y Santillán.
—El gobernador se reunió con Sebastián Santillán, que está trabajando desde el Ministerio de Trabajo en la Zona Norte, para revisar fiscalizaciones y reforzar controles sobre la contratación de trabajadores santacruceños.
—Ya venían haciendo inspecciones.
—Sí. No es una política que arranca ahora. Hubo operativos, actuaciones administrativas y controles durante los últimos meses. En septiembre incluso se había informado sobre decenas de sanciones en trámite por presuntos incumplimientos.
—¿Sabemos cómo terminaron?
—No en todos los casos. Y ahí me parece que aparece una deuda de información bastante clara. Está bien saber cuántas inspecciones se hicieron y cuántas actuaciones empezaron, pero después necesitamos saber cuántas terminaron en sanción, cuántas empresas corrigieron su situación y, fundamentalmente, si aumentó efectivamente el porcentaje de trabajadores residentes.
—Si no, contamos controles pero no resultados.
—Exactamente.
—Y vuelvo a lo anterior. El 90/10 te controla el empleo directo dentro de una empresa alcanzada por la norma, pero después tenés toda una cadena de contratistas.
—Que también tiene que ser parte de la mirada.
—Porque si querés empleo local en Santa Cruz, no alcanza con mirar la nómina de una operadora y olvidarte de todo lo que ocurre alrededor.
—Totalmente.
—Ahora te voy a hacer una pregunta incómoda.
—Dale.
—¿Y si no hay suficientes perfiles para determinados puestos?
—Ahí entra formación.
—Sabía.
—Y esta semana Newmont agregó otra pieza interesante.
—Exactamente. Va a lanzar una experiencia remunerada de tres meses en Cerro Negro para estudiantes del último año y egresados recientes de escuelas técnicas de Santa Cruz.
—¿Qué áreas?
—Operaciones Mina, Mantenimiento e Infraestructura no Productiva. Los participantes van a trabajar acompañados por mentores técnicos.
—Eso me gusta porque baja la discusión del empleo local a algo muy concreto.
—Sí. Podés controlar que una empresa priorice santacruceños, pero también necesitás generar personas capaces de cubrir puestos cada vez más técnicos.
—Y Newmont ya tenía Camino Minero.
—Camino Minero para residentes sin experiencia previa, Jóvenes Profesionales para graduados universitarios y ahora practicantes para estudiantes y egresados de escuelas técnicas.
—Tres puertas distintas.
—Exactamente. Y eso empieza a parecer más una estrategia de formación que una búsqueda aislada.
—Después habrá que mirar cuántos consiguen seguir trabajando.
—Siempre. Participar de un programa no puede presentarse como garantía de contratación. Pero conseguir tres meses de experiencia real dentro de una mina para alguien que recién termina una escuela técnica ya cambia bastante su punto de partida.
—Porque volvemos a romper el círculo de “no tenés experiencia”.
—Tal cual.
—Ahora bien, tenés controles del 90/10, programas de capacitación y proveedores reclamando contratos. ¿Qué falta?
—Una economía alrededor de la minería que sea más grande que la propia mina.
—Ah, hoy viniste ambicioso.
—Escuchame.
—Dale.
—Santa Cruz presentó esta semana la actualización de su régimen de promoción industrial.
—Sí, y justo coincidió con el nuevo régimen nacional de inversiones.
—El RIIR.
—Exactamente. Son herramientas diferentes. El régimen nacional busca incentivar inversiones desde una escala menor que el RIGI, mientras Santa Cruz actualizó su propio Sistema de Promoción y Desarrollo Industrial con beneficios fiscales, estabilidad tributaria y herramientas de financiamiento.
—¿Y eso qué cambia para minería?
—Potencialmente bastante, si se usa bien.
—Ese “si” es enorme.
—Gigante. Pero imaginá que hoy una mina compra fuera de Santa Cruz una malla metálica que usa todos los días bajo tierra.
—Bueno.
—¿Podemos fabricar esa malla acá?
—Depende del costo.
—Exactamente. Esa es la pregunta correcta. No “fabriquemos todo porque somos santacruceños”, sino qué productos y servicios tiene sentido desarrollar competitivamente dentro de la provincia.
—Y ahí empezás a transformar minería en industria.
—Eso es lo interesante. La mina genera una demanda. Si alrededor de esa demanda desarrollás fábricas, talleres especializados, laboratorios, logística, mantenimiento o tecnología, empezás a crear actividades que pueden sobrevivir incluso más allá de un yacimiento específico.
—Y empleo que no necesariamente está adentro de una mina.
—Ahí quería llegar.
—Entonces el empleo local en Santa Cruz también puede construirse afuera del yacimiento.
—Exactamente.
—Eso me gusta más que discutir solamente porcentajes.
—A mí también. Porque una fábrica que produce un insumo para tres operaciones puede generar puestos estables, formar gente y eventualmente vender ese producto en otras provincias.
—Pero primero tiene que ser competitiva.
—Siempre.
—Porque si producir acá cuesta el doble, no dura mucho.
—Por eso hacen falta estudios, mercado, escala, logística y financiamiento. La promoción industrial puede mejorar condiciones, pero no convierte automáticamente una idea en un negocio viable.
—Entonces nada está garantizado.
—Nunca.
—Me estás arruinando todos los anuncios.
—Los estoy poniendo en contexto.
—Que es bastante menos divertido.
—Pero más útil.
—Bueno, sigamos.
—El Gobierno provincial llevó además esa Ley de Promoción Industrial a una ronda de negocios en Rosario, donde había grandes empresas y proveedores de distintos puntos del país.
—Eso conecta con algo que venimos hablando hace rato: las empresas de Santa Cruz no deberían pensar solamente en vender dentro de Santa Cruz.
—Exactamente. Una PyME que consigue desarrollar una capacidad competitiva alrededor de la minería provincial después puede vender en San Juan, Salta, Catamarca o incluso en otros sectores industriales.
—Ahí dejás de depender de un solo contrato.
—Que es una de las mayores vulnerabilidades que tienen muchos proveedores chicos.
—Si tu única factura importante es para una minera y perdés ese contrato…
—Se te mueve todo.
—Personal, equipos, créditos, proveedores.
—Por eso la diversificación también debería ser parte del desarrollo de proveedores.
—¿Y el RIIR puede ayudar?
—Podría abrir oportunidades si efectivamente genera nuevos proyectos productivos y demanda proveedores. Pero todavía tiene camino legislativo por recorrer y tampoco hay que mezclarlo con el régimen provincial.
—Uno nacional, otro provincial.
—Con alcances, beneficios y requisitos distintos.
—Perfecto.
—Te hago otra pregunta.
—Dale.
—Todo esto habla de trabajo alrededor de minas que ya existen. ¿Y las minas de mañana?
—Ahí entramos al Macizo.
—Eso quería.
—La Secretaría de Minería hizo inspecciones en Joaquín, Nico y La Rosita para verificar inversiones comprometidas, actividades exploratorias y condiciones de seguridad.
—Joaquín lo tenemos bastante visto.
—Sí. Unico Silver viene avanzando y tiene previsto presentar en enero de 2027 el estudio de prefactibilidad integrado con Cerro León.
—¿Y Nico?
—Nico es de Mirasol Resources. Es un proyecto con antecedentes exploratorios de hace varios años. Se trabajó sobre distintos prospectos y hubo resultados superficiales interesantes de oro y plata, pero hay que mantener la escala correcta: estamos hablando de exploración.
—Nada de “nueva mina”.
—Nada de eso.
—¿Y La Rosita?
—Ahí hay que ser especialmente cuidadoso porque existe más de un proyecto con ese nombre. La propiedad inspeccionada por la Provincia está vinculada con Tamar Mining. Existe además otra La Rosita asociada con Magna Terra, con otra ubicación y características.
—Qué ganas de complicarnos.
—La geología no piensa en nuestros títulos.
—Está bien.
—Lo importante de estas inspecciones es otra cosa.
—¿Qué?
—Que la provincia no debería esperar hasta que un proyecto llegue a producción para empezar a controlar si se cumplen las inversiones.
—Claro.
—Una concesión minera tiene obligaciones. Los proyectos presentan planes, compromisos de inversión y actividades. La autoridad tiene que comprobar que efectivamente se están ejecutando.
—Eso también es política minera.
—Totalmente. Atraer empresas, sí. Dar condiciones para invertir, sí. Pero después verificar que quien recibe derechos mineros realmente trabaje sobre ellos.
—Sobre todo si estamos diciendo que necesitamos nuevos proyectos.
—Exactamente. Porque la próxima mina santacruceña probablemente hoy sea simplemente un equipo pequeño tomando muestras o perforando en algún lugar del Macizo.
—Y quizás nunca llegue a mina.
—También.
—Qué optimista.
—Realista. La mayoría de los proyectos exploratorios no termina siendo una operación.
—Pero sin esos proyectos no hay ninguna.
—Ahí está.
—Entonces tenemos una especie de cadena.
—A ver.
—Exploración para encontrar los proyectos del futuro.
—Sí.
—Inversión para desarrollarlos.
—Sí.
—Formación para que haya gente preparada.
—Sí.
—Empresas locales capaces de prestar servicios.
—Sí.
—Y contratos suficientemente sostenibles para que esas empresas generen empleo.
—Exactamente.
—Al final toda la semana era una sola conversación.
—Te lo dije.
—No me dijiste nada.
—Lo pensé.
—Eso no cuenta.
—Bueno, ahora te pregunto yo. ¿Qué te preocupa más de todo esto?
—Los proveedores.
—¿Por qué?
—Porque podés tener una buena ley de empleo local y programas excelentes de capacitación, pero si las empresas que deberían contratar parte de esa gente están financieramente al límite, el sistema se corta.
—Es una buena lectura.
—Una PyME puede formar a un técnico durante dos años. Si pierde el contrato, ese técnico se va.
—Y quizás se va de Santa Cruz.
—Exactamente. Después llega otro contrato y todos preguntamos por qué no encontramos personal con experiencia.
—Eso lo planteaba también Morisio. Perder continuidad contractual no solamente destruye un puesto puntual. Puede dispersar capacidades que costaron años formar.
—Por eso me parece que todavía usamos una definición demasiado chica de compre local.
—¿Cómo la ampliarías?
—No preguntaría solamente cuánto compra una minera en Santa Cruz.
—¿Qué preguntarías?
—Cuántas empresas locales crecieron gracias a esos contratos. Cuántas personas contrataron. Cuántos trabajadores capacitaron. Cuánto equipamiento incorporaron. Cuántas lograron venderle después a otra compañía. Cuántas sobrevivieron cuando terminó el primer contrato.
—Eso sí sería medir desarrollo.
—Exactamente.
—Y también permitiría distinguir entre una empresa que simplemente factura desde Santa Cruz y una que realmente deja estructura en el territorio.
—Otra discusión que viene apareciendo.
—Todo conecta, Ricky.
—Te estás poniendo pesado con esa frase.
—La aprendí de vos.
—Bueno, entonces resumime la semana.
—¿Otra vez?
—Nos atrasamos dos días. Hacé un esfuerzo.
—Está bien. Santa Cruz quiere reforzar el 90/10 para que haya más trabajadores locales.
—Sí.
—Las mineras empiezan a ampliar programas de formación para que existan perfiles preparados.
—Sí.
—Pero al mismo tiempo algunos proveedores locales muestran que tener oportunidades no siempre significa tener capacidad financiera para sostenerse.
—Seguimos.
—La Provincia ofrece incentivos para intentar que alrededor de la minería aparezcan nuevas industrias y actividades.
—Bien.
—Y mientras discutimos todo eso, en el Macizo hay proyectos exploratorios que podrían convertirse —o no— en parte de la actividad minera de los próximos años.
—Entonces…
—Entonces quizás el verdadero desafío no sea solamente conseguir más puestos de trabajo mañana.
—¿Sino?
—Construir una economía minera que genere trabajo durante muchos años, dentro y fuera de los yacimientos.
—Ahora sí te pegó el café.
—Y eso que todavía estamos con el primero.
—Porque llegaste tarde.
—Llegamos tarde.
—No me metas.
—El viernes tampoco llamaste.
—Pensé que estabas ocupado.
—Yo pensé lo mismo.
—Y así terminamos tomando café un lunes.
—Bueno, al menos tenemos columna.
—Dos días tarde.
—Pero tenemos.
—¿La próxima volvemos al viernes?
—Prometo.
—¿Viernes de verdad?
—Viernes.
—Lo voy a anotar.
—¿En serio?
—Después de esto, sí.
—Anotá también que hoy pagás vos.
—Eso no estaba en el acuerdo.
—Por los intereses de la demora.
—Sos insoportable.
—Pedí otro café, Ricky. Si vamos a llegar tarde, por lo menos que valga la pena.





























