Noticias, empresas y protagonistas de la minería argentina   ·   6 de noviembre de 2026    ·   12:46 hs
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Chubut tiene casi la mitad del uranio argentino, pero todavía no logra convertirlo en producción

Chubut tiene casi la mitad del uranio argentino, pero todavía no logra convertirlo en producción

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URANIO

La provincia concentra 16.610 toneladas de recursos identificados, el 49,4% del total nacional. Con Cerro Solo como principal activo histórico, nuevos movimientos de Jaguar Uranium, Myriad Uranium y Powerhaus reactivan el interés empresarial. Sin embargo, la distancia entre los recursos geológicos, las restricciones normativas y una eventual explotación comercial sigue siendo el principal desafío.

Chubut reúne casi la mitad de los recursos de uranio identificados en Argentina. Sin embargo, mientras el país continúa dependiendo de las importaciones para abastecer su industria nuclear, ninguno de los principales depósitos de la provincia se encuentra actualmente en producción comercial. La contradicción adquiere otra dimensión frente al renovado interés de compañías internacionales y la reactivación de estudios sobre yacimientos que llevan décadas bajo evaluación.

De acuerdo con la última actualización del inventario nacional difundida por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Argentina cuenta con 33.650 toneladas de recursos de uranio identificados y recuperables bajo determinados parámetros económicos. De ese total, 16.610 toneladas corresponden a Chubut, distribuidas entre cuatro depósitos principales: Cerro Solo, con 8.180 toneladas; Meseta Central, con 5.290; Laguna Salada, con 2.980; y Laguna Colorada, con 160 toneladas. El conjunto representa el 49,4% del inventario nacional.

Las cifras permiten dimensionar la importancia geológica de la provincia, aunque también requieren una lectura técnica. No todas las toneladas tienen el mismo grado de conocimiento ni de certidumbre. En Cerro Solo, por ejemplo, los 8.180 toneladas comprenden 4.420 toneladas de recursos medidos e indicados y otras 3.760 toneladas inferidas. No se trata de reservas mineras declaradas ni de mineral que pueda considerarse automáticamente disponible para su extracción. Esa distinción es fundamental para comprender el verdadero estado de los proyectos.

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El caso de Cerro Solo ocupa un lugar particular dentro de este escenario. Ubicado en el departamento de Paso de Indios y bajo titularidad de la CNEA, es uno de los depósitos uraníferos más importantes del país y también uno de los que acumula mayor trayectoria de investigación. Los trabajos comenzaron hace décadas y comprendieron campañas de perforación, estudios geológicos, hidrogeológicos y metalúrgicos, además de evaluaciones sobre alternativas de extracción y procesamiento.

La información histórica de la CNEA registra alrededor de 410 perforaciones y una estimación de aproximadamente 4.600 toneladas de uranio recuperable para los sectores evaluados bajo determinados parámetros técnicos. Durante los últimos años, el organismo retomó tareas de actualización y evaluación del depósito. En 2026 se conocieron avances en estudios de prefactibilidad orientados a determinar las condiciones necesarias para una eventual puesta en producción, incluyendo la revisión de información geológica, el modelo tridimensional del yacimiento y las alternativas de desarrollo.

El avance es significativo porque Cerro Solo no parte de una hipótesis exploratoria inicial. Existe un conocimiento geológico acumulado durante décadas y una base técnica que permite estudiar escenarios productivos con mayor profundidad que en otros proyectos provinciales. Sin embargo, la prefactibilidad tampoco equivale a una decisión de inversión ni a una autorización para construir y operar una mina. Todavía deben resolverse cuestiones técnicas, económicas, ambientales y regulatorias.

La provincia, además, tiene antecedentes concretos de producción. Entre 1977 y 1979, la CNEA explotó los depósitos Los Adobes y Cerro Cóndor, y procesó el mineral extraído en la planta de Pichiñán. Aquella experiencia forma parte de la historia minera chubutense y demuestra que el uranio no es un recurso desconocido para la región. La producción nacional continuó posteriormente en otros distritos, hasta que en 1997 se interrumpió la extracción en Sierra Pintada, Mendoza. Desde entonces, Argentina no volvió a producir concentrado de uranio y debió cubrir sus necesidades mediante importaciones.

El contexto energético explica buena parte del renovado interés. El uranio es un insumo esencial para la generación nucleoeléctrica y su abastecimiento se vincula directamente con la continuidad y expansión del sistema nuclear argentino. El informe sectorial de energía nuclear publicado por el Gobierno nacional señala que las compras externas de concentrado de uranio alcanzaron los 33,2 millones de dólares durante 2024. Recuperar capacidad de producción local no solamente permitiría reducir la dependencia externa, sino también fortalecer una cadena industrial que involucra a organismos y empresas nacionales.

Cerro solo chubut

Pero mientras la CNEA conserva en Cerro Solo uno de los principales activos estratégicos del país, el sector privado también comenzó a desplegar una actividad creciente en distintos puntos de Chubut. Los movimientos de Jaguar Uranium, Myriad Uranium y Powerhaus muestran que el interés ya no se concentra exclusivamente en los depósitos históricos de la Meseta Central y que nuevas áreas están ingresando en los planes de exploración.

Uno de los avances más concretos corresponde a Jaguar Uranium y su proyecto Laguna Salada. En octubre de 2026, la compañía presentó su primera estimación independiente de recursos minerales, elaborada bajo estándares internacionales. El estudio identificó 4,2 millones de libras de óxido de uranio (U₃O₈) en recursos indicados y 10,1 millones de libras en recursos inferidos, además de importantes volúmenes de vanadio.

La estimación comprende distintas zonas del proyecto, entre ellas Laguna Salada, Pampa de Arroqui y Buried Lake, y abarca apenas el 4,3% de las 210.284 hectáreas que integran la propiedad. Jaguar considera que existe margen para ampliar los recursos mediante nuevas campañas de exploración. El resultado constituye un avance técnico importante porque aporta una primera cuantificación independiente del depósito, aunque todavía no equivale a una reserva minera ni determina por sí mismo la rentabilidad de una futura explotación.

En este caso, la mineralización superficial y las características del depósito plantean alternativas de desarrollo diferentes de las que se analizan en Cerro Solo o Los Altares. La compañía deberá profundizar los estudios sobre procesamiento, recuperación, costos y condiciones ambientales antes de establecer un esquema productivo. La aprobación ambiental obtenida anteriormente para avanzar con tareas exploratorias permitió habilitar una nueva etapa de trabajo, pero no representa una autorización para explotar el yacimiento.

Otro movimiento relevante se produjo en el distrito de Cerro Solo, donde Myriad Uranium confirmó el 2 de noviembre el cierre de la adquisición del proyecto Los Altares. La operación le permitió incorporar el 100% de los activos mediante la compra de Buenavida Metales y sumar 55.013 hectáreas distribuidas en 23 propiedades mineras.

La compañía canadiense considera que la ubicación del proyecto, próximo a Cerro Solo, Meseta Central y la histórica mina Los Adobes, ofrece condiciones para investigar la continuidad de estructuras geológicas conocidas. También identificó antecedentes de aproximadamente 12.500 metros de perforaciones históricas, aunque aclaró que esa información todavía debe ser recopilada y verificada por sus equipos técnicos. Por lo tanto, esos registros no constituyen una estimación propia de recursos ni una confirmación del potencial económico de Los Altares.

Uno de los aspectos que Myriad pretende evaluar es la posibilidad de utilizar lixiviación in situ (ISR), un método que permite recuperar uranio mediante soluciones que circulan a través de pozos en determinadas formaciones geológicas, sin necesidad de realizar una excavación convencional. Su aplicación requiere condiciones específicas de permeabilidad, continuidad de los cuerpos mineralizados y comportamiento hidrogeológico. En Los Altares, esa alternativa todavía es una hipótesis de trabajo que deberá ser demostrada mediante estudios y pruebas.

El tercer movimiento se encuentra en el departamento Escalante, donde Powerhaus Uranium desarrolla el proyecto Malbec. La iniciativa amplía el mapa de exploración hacia el entorno de Comodoro Rivadavia, en una región donde la compañía busca comprobar la posible existencia de mineralización de uranio asociada a la Formación Salamanca. En agosto, el proyecto Malbec Centro ingresó en una instancia de consulta pública de su Informe de Impacto Ambiental, con una propuesta inicial de perforaciones exploratorias de hasta 5.000 metros.

A diferencia de Laguna Salada, donde ya existe una estimación independiente de recursos, Malbec se encuentra en una etapa mucho más temprana. Los indicios superficiales y el modelo geológico planteado por la empresa justifican continuar investigando, pero todavía es necesario comprobar mediante perforaciones la existencia, continuidad, profundidad y concentración de una eventual mineralización. La posibilidad de desarrollar un sistema de recuperación in situ también forma parte de las hipótesis que la compañía pretende estudiar, no de una solución técnica ya demostrada.

Los tres proyectos privados presentan, por lo tanto, situaciones diferentes. Jaguar cuenta con una primera estimación de recursos en Laguna Salada; Myriad acaba de incorporar un área con antecedentes históricos que todavía debe verificar; y Powerhaus busca confirmar un modelo geológico mediante nuevas tareas exploratorias. En ninguno de los casos corresponde anticipar una explotación comercial a partir de los avances alcanzados hasta ahora.

Esta diversidad también conduce a uno de los puntos más sensibles para el futuro del uranio en Chubut: el marco normativo provincial. La Ley XVII N.º 68, conocida históricamente como Ley 5001, prohíbe la actividad minera metalífera a cielo abierto y la utilización de cianuro en los procesos de producción minera. Sus alcances adquieren especial relevancia cuando se analizan depósitos cuyas características podrían requerir métodos de extracción convencionales.

La cuestión no se resuelve simplemente proponiendo una tecnología alternativa. La recuperación in situ, por ejemplo, evita la excavación a cielo abierto, pero requiere demostrar que las condiciones geológicas e hidrogeológicas permiten su aplicación y que existen mecanismos adecuados para controlar la circulación de las soluciones y proteger los recursos hídricos. Tampoco puede suponerse que todos los depósitos de uranio sean aptos para ese procedimiento.

En Laguna Salada, las características de la mineralización superficial plantean un escenario técnico diferente del que Myriad pretende investigar en Los Altares. Cerro Solo, por su parte, tiene antecedentes de evaluación que contemplaron alternativas de explotación convencional. Cada proyecto deberá resolver su propio encuadre técnico, ambiental y jurídico, sin que la existencia de un método aplicable a un depósito implique que pueda utilizarse automáticamente en otro.

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El renovado interés por el uranio también abre una discusión que trasciende la actividad minera: cuál debería ser el destino de una eventual producción nacional. En un país que importa el concentrado necesario para su industria nuclear, la posibilidad de recuperar el abastecimiento interno adquiere una dimensión estratégica. La existencia de recursos no resuelve por sí sola esa cuestión, pero obliga a incorporar la planificación energética y la política minera dentro de una misma discusión.

Chubut tiene antecedentes productivos, recursos identificados de relevancia nacional, un yacimiento estatal con una extensa historia de evaluación y nuevas compañías que buscan desarrollar proyectos en diferentes zonas de la provincia. Sin embargo, todavía no consiguió transformar ese patrimonio geológico en una actividad uranífera sostenida. La distancia entre lo que existe bajo el suelo y lo que efectivamente puede producirse sigue siendo el principal desafío. El futuro del uranio chubutense dependerá de que los avances exploratorios puedan convertirse en proyectos viables, con reglas claras, respaldo técnico y condiciones ambientales y sociales que permitan sostener su desarrollo.

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